Quiénes somos

Hace unos días leyendo Ana Karenina hubo una frase que me llamó la atención. Cuando Karenin cede al divorcio de Ana, ante la petición de su cuñado, Tolstoi expone el estado en el que se queda Karenin: “Humillado y avergonzado, experimentaba una extraña felicidad al sentirse moralmente superior a la humillación y la vergüenza”.

Esta frase me hizo pensar y me fue llevando a reflexionar sobre mí, quién soy en realidad, soy realmente esa persona que tiene una familia, que se levanta y va a su trabajo, que ríe, que llora, que sufre, que tiene miedo, que ama, que aprende.

Y entonces pensé sobre la posibilidad de que mi verdadero yo esté por encima de ese personaje. Esto lo había oído muchas veces de diversas formas pero creo que nunca lo había llegado a visualizar de la forma en que lo visualicé.

Lo que visualicé fue a mi yo real que acompañaba a ese personaje que también soy yo, y esto  me hizo sentir comprendida, protegida, respetada, amada. Y es que somos nosotros los que nos tenemos que amar y respetar a nosotros mismos. No podemos esperar que nadie nos ame, nos respete si no lo hacemos nosotros.

Y qué difícil a veces ¿verdad? Cómo lo hacemos, cómo nos aceptamos tal como somos. Pues no tengo la respuesta a esa pregunta. A mí me está ayudando conocerme cada vez más, el ir aprendiendo cómo funciono, mis miedos, mis automatismos, mi discurso, mis quejas, mis anhelos, mis sueños. Y cuanto más te conoces más puedes aceptarte y comprenderte.

¿Y cuándo nos llegamos a conocer del todo?… pues la verdad es que no lo sé, probablemente nunca. Siempre estamos aprendiendo cosas de nosotros. Cada emoción que sentimos, cada sensación, ante un evento, un recuerdo o una palabra, es una oportunidad de conocer algo más de nosotros, sólo hay que estar abierto y dispuesto a entrar en nuestras profundidades.

Y cuántas oportunidades de conocerme más dejo pasar al cabo del día…

Querida lectora, querido lector a qué esperas para conocerte.

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