Date permiso

Lo presenté ya anteriormente en el post Permítetelo y hoy me gustaría volver a incidir en este tema porque es algo que me pasa personalmente y que también he visto muchas veces en mis clientes.

No nos damos cuenta de las cosas que estamos dejando de disfrutar por miedo y por nuestras creencias limitantes, las cuales la mayoría de las veces no sabemos ni que las tenemos.

Cuando la vida nos da la oportunidad de empezar a conocernos a nosotros mismos e iniciamos el camino del autoconocimiento y del desarrollo personal, poco a poco vamos a ir detectando esos límites que nosotros mismos nos ponemos.

Cuando dejé mi trabajo y empecé mi nueva etapa profesional como coach, todo lo que ponía en mi agenda era trabajo y familia. No me permitía ningún momento entre semana para hacer deporte o salir a pasear, no me permitía algo sólo para mí distinto de trabajar. Por miedo y por una creencia muy fuerte de que tenía que aprovechar el tiempo, que tenía que ponerme cuanto antes a trabajar, que tenía que leer, que tenía que estudiar, etc.

Podéis observar la fuerza que tenían todos esos “tengo que….” que estaban en mi cabeza. Todos estos “tengo que” eran una limitación para mí, para que pudiesen entrar otras cosas en mi agenda diferentes a las que en ese momento yo creía que eran obligatorias y necesarias.

Sí, obligatorias. Sentía que tenía que hacer esas cosas sí o sí y me faltaba tiempo por todos sitios y claro, con tanta presión al final termina apareciendo la ansiedad.

Y cuando de repente alguien te dice “Date permiso” y caes en la cuenta de lo que estás haciendo, de la presión que estás ejerciendo sobre ti mismo y de lo que te estás limitando… cuando por fin te das cuenta empieza la rendición.

El cambio no es inmediato, por supuesto. Hay cuatro factores que se han de dar para que empiece a producirse. Primero conocerse y darse cuenta, segundo tener paciencia, tercero ser valiente y cuarto ser perseverante.

Una vez nos hemos dado cuenta de lo que de forma inconsciente estamos haciendo, tenemos que ser pacientes y compasivos con nosotros mismos. Entender cuál es nuestro patrón y que miedos y creencias nos están llevando a la situación que estamos viviendo. Y ser paciente para darnos tiempo a realizar el cambio poco a poco.

Hace unos mes, cuando empecé a darme cuenta de muchas creencias limitantes que tenía, mi duda era, ¿cómo las cambio? Y aquí vienen la parte de ser valiente. Has de empezar a hacer aquello que no te permites, a darle paso en tu vida, a hacer prueba y error hasta el éxito. Y aquí entra en juego también la perseverancia.

No dejes de seguir aprendiendo de ti, conociéndote, pillándote en las actitudes limitantes y buscando quién eres y quién quieres ser. Esa perseverancia en tu búsqueda de una vida más libre, va a hacer que poco a poco te vayas permitiendo cosas nuevas en tu vida de una manera más natural.

Así que querido lector, querida lectora, te invito a hacerte estás preguntas:

  • ¿En qué aspecto de mi vida no me estoy dando permiso?
  • O si hay algo que no estás disfrutando, pregúntate ¿cómo sería si me diera permiso?

Y recuerda lo factores: Consciencia, paciencia, valentía y perseverancia.

Querida lectora, querido lector: Date permiso.

Y en el camino, conocernos

El ego es parte de lo que somos, es la piel que llevamos puesta, es parte de la cara que mostramos al mundo y nos acompaña siempre en nuestro caminar por la vida.

El ego es el que inicialmente recibe los estímulos del exterior y genera una respuesta. Es nuestra capa más externa protegiéndonos contra el frío, el viento, la lluvia y el sol. El ego se alimenta de las creencias limitantes que tenemos y que se han ido forjando en nosotros por las diferentes experiencias que hemos tenido y también por la influencia de las creencias de nuestras familias.

El ego está siempre con nosotros, aparece con sus miedos y no deja que llegue a nuestro corazón ni el viento, ni el frío, ni la lluvia ni el sol. Pero el ego no es bueno ni malo, él realiza su función. ¿Y qué podemos hacer entonces?

Conocernos, ese es nuestro camino. Conocernos y reconocer qué creencias tenemos. Aprovechar cada oportunidad que se nos pone delante para ver de qué me estoy protegiendo, o que es lo que no me estoy permitiendo y qué creencias puede haber detrás. Y esto no es coger un día y sentarse y decir, hoy voy a conocerme y sacar de ahí todas mis creencias limitantes. Es más bien vivir y estar con la vida.

Sí, vivir y dejarnos atacar el corazón. Sentarnos, derrumbarnos y preguntarle a nuestro corazón qué le duele, qué le pasa, que siente. Y con esa escucha nos vendrá alguna respuesta y habremos hecho un aprendizaje más sobre nosotros. Y entonces puedes decidir qué hacer con eso. Si te lo quieres guardar o lo quieres soltar.

Y luego continuará nuestra vida y nos volverá a pasar otra cosa y volveremos a ver qué nos ha pasado esta vez, y seguiremos aprendiendo.

La idea no es luchar contra el ego ni tampoco dejarle en libertad, es saber que está ahí y utilizar las oportunidades que tenemos para conocer un poco más de nuestro interior.

Y cuando vas tomando conciencia de las creencias limitantes que tu ego tiene que proteger, de alguna forma vas iluminando tu corazón. Le vas dando salida a aquello que se quedó retenido en tu interior y vas reconociendo el amor que hay en ti, vas liberándote cada vez más.

Y puedes en ese momento dar un paso adelante. Puedes tomar las riendas y decirle al ego que por favor te deje pasar, que sabes que está actuando para protegerte, pero necesitas abrirte camino. Es más sencillo de lo que parece. Prueba a decirle estas palabras: “Gracias por estar ahí protegiéndome pero ahora yo sé lo que necesito”.

El miedo, la duda y la incertidumbre aparecen en nuestro camino. Pero tenemos que ponernos delante de ellos y dar un paso adelante. ¿Y qué pasará? Pues que habrá miedos que los trascenderás y otros que seguirán acompañándote durante más tiempo, y que se atenuarán de manera más lenta.

Y te invito desde aquí querida lectora, querido lector, a que empieces a utilizar el camino para conocer más de ti. ¿Estás dispuesto? ¿Qué mensaje le quieras dar tú a tu ego?

La fuerza del coaching

He actualizado la web para añadir una página sobre coaching y me apetecía escribir un post sobre lo que el coaching puede aportar. Tendría muchas cosas que decir sobre esto, así que voy a contar parte de lo que está siendo mi propia experiencia de cambio personal y profesional.

Quizás te has sentido alguna vez con una nube en tu cabeza, es una nube gris con un tono oscuro. Esta nube está llena de pensamientos que vienen desde muchos lugares. Son pensamientos de miedo, de duda, de desconfianza, de rabia. La tienes encima de ti, día tras día y aunque tienes un objetivo y confías y sabes que lo puedes conseguir, la nube se pone entre tú y tu deseo y es muy costoso avanzar, es como si avanzaras por una niebla muy espesa que no te deja ver el camino.

Decides entonces empezar un proceso de coaching y a partir de ahí empiezas a conocerte, a nombrar tus valores, a comprender qué es lo que te puede estar pasando. Empiezas a ver las cosas desde otros lugares y empiezas a elegir desde qué lugar lo quieres ver y con qué actitud. Además empiezas a conectar con tu fuerza, con tu valentía y sobre todo empiezas a conectar con tu corazón, con lo que quieres y con quien quieres ser.

Y los cambios no son fáciles, porque conforme te vas atreviendo a hacer cosas diferentes, van apareciendo tus creencias limitantes que te frenan el avance. Y entonces te toca revisarlas y encontrar tu valentía para primero reconocerlas y luego enfrentarte a ellas. Y así empiezas a disolverlas. El coaching te ayuda a detectar esas creencias y a encontrar la fuerza para trascenderlas.

Y así, poco a poco, conforme avanzas en el proceso la nube se va disolviendo, se va volviendo cada vez más transparente y te va dejando ver con claridad lo que tienes delante. Los pensamientos se van controlando y empiezas a vivir el presente, a tomar las riendas de tu vida y a decidir qué quieres hacer.

Estos cambios te van llenando de vida. Empiezas a sentir que estás viviendo la vida que quieres vivir, la nube desaparece y ves con claridad. Empiezas a ser quien quieres ser.

Y es posible que en algún momento la nube vuelva y te vuelva a acompañar, pero tu ya no eres la misma persona y has aprendido la forma de soplar para que la nube vuelva a desaparecer.

En todo este proceso el coach te va acompañando y te va ayudando a sacar lo mejor de ti mismo. El coach conecta contigo de forma que es capaz de encontrarte en tu esencia. La relación que se crea entre tú y el coach y el trabajo que hacéis juntos te permite conectar con quien eres y conectar con tu corazón.

Y si lo observas tomando un poco de distancia, puedes ver la diferencia entre quien eras cuando empezaste y quien eres ahora.

Y tú querida lectora, querido lector, ¿quién eres? ¿Quién quieres ser?

Para tu mente

Para tu mente de pensamientos, quizás te has levantado con una nube encima de tu cabeza, una nube de confusión, de pensamientos encontrados, de cosas por hacer, de miedos y de enfado. ¿Enfado con quien?

Para tu mente que te atormenta con todo lo que te rodea, con los problemas del mundo, con las interrupciones en tu vida, con los obstáculos, con lo que te falta. ¿De verdad te falta algo?

Para tu mente, puedes decirle sinceramente que te deje tranquilo, que tú diriges tu vida, que todo está bien en este momento. Todo lo que te recuerda tu mente es del futuro o del pasado y tú quieres permanecer en el instante presente que es el único que existe.

Para tu mente y podrás oír a los pájaros, y observar cómo se mueven las nubes, y disfrutar del sol en tu piel.

Para tu mente y podrás estar presente en la tarea que estés haciendo en este momento, sin culpa, sin rabia, sin desgana. Estar presente con dedicación, con aceptación y con amor hacia ti y hacia los demás.

Para tu mente para poder conectar con tu fuerza, sin interrupciones, sin miedos.

Para tu mente para poder conectar con tu libertad.

Para tu mente para poder ver las oportunidades que tiene la vida para ti en cada instante.

Sí, sé que puedes, sé que puedes conectar con tu esencia, con quien eres realmente, con quien quieres ser en todo momento.

Sí, sé que tienes muchas cosas que hacer, pero no deja de ser tu mente la que te dice eso.

Busca tu espacio y tu momento para estar contigo, para conectar con tu respiración. Busca la música que te conecta con tu corazón. Busca esas actividades que te conectan con la naturaleza y con tu sabiduría interior.

Querida lectora, querido lector…para tu mente y disfruta de este instante, disfruta de la vida.

Tu líder interior

Hace unos días que he impartido un taller donde 12 personas han podido conocer a su líder interior. Me siento agradecida por haber sido invitada a impartir este taller, por la acogida que me ha hecho el grupo y por sentir que se han llevado algo después de realizar la práctica.

Tu líder interior es aquel que tiene las siguientes características: Sabiduría, Compasión, Valentía y Claridad. Conocer a tu líder interior te aporta una mirada diferente sobre ti, sobre lo que haces, sobre lo que eres, sobre cuál es el camino a seguir y cuál es el siguiente paso. Tiene una mirada de compasión hacia ti y a la vez es valiente para decirte que sigas adelante, que no te pares.

Cada persona ve a su líder interior de forma diferente, para unos es su misma persona, paro otros puede ser un animal o un hada o quizás es un amigo de la infancia o un personaje de un cuento. Algunas veces es más joven y otras más viejo, pero casi siempre suele caminar de manera majestuosa y produce una sensación de paz y tranquilidad.

Conectar con esta energía es abrazarse a uno mismo. Sientes que estás haciendo las cosas bien, que haces lo que puedes en cada momento, y a la vez tienes la sensación de que eres fuerte para seguir adelante y hacer lo que tengas que hacer. Es una energía que conecta con tu sabiduría interior y te deja una sensación de compasión y de amor, de sentirte comprendido, amado y respetado.

He podido observar en el grupo y también por mi propia experiencia que cuando conectas con tu líder interior aparecen las respuestas que estabas esperando y aparece la energía para abordar objetivos con los que te costaba comprometerte.

Conocer a tu líder interior es un camino más para conocerte y sobre todo para amarte.

¿Conoces ya  tu líder interior? ¿Te gustaría conocerlo?

Querida lectora, querido lector, tu también tienes ese líder interior. Estoy segura de que puedes encontrar esa sabiduría en ti.

Permítetelo

En mi último post hacía referencia a la vida que deseas vivir y cómo puedes conectar con tu valentía y tu fuerza para ir haciendo pequeños cambios en tu vida. A raíz de  ese post un amigo y lector del blog me comentó que tenía que escribir sobre los que sí viven la vida que desean. Así que vamos a ver qué cosas aparecen si reflexionamos sobre qué es vivir la vida que deseas.

¿Te has parado a pensar qué tiene la vida que realmente deseas? Puedes hacer esta reflexión antes seguir leyendo, quizás te sorprendas. La vida que yo deseo es sencilla, no requiere grandes cosas, requiere Paz y serenidad, conexión conmigo y con mi sentir. Tiene alegría, paseos, sol, vida y cosas que me hacen sentir, vibrar y recargarme de energía.

¿Y qué es vida? Vida es fluir con las vivencias del día a día, aceptar lo que va sucediendo, sin oponerse, dejar que fluya, dejar que vaya aconteciendo. Y suena como que en ese “dejar que suceda” estás inactivo, pero no. Lo que pasa es que vives la vida sin oponerte a ella. Así que una de las cosas a cambiar en nosotros y que hacen las personas que viven las vida que desean es permitir que la vida suceda, aceptando lo que pasa y sin oponerse a lo que acontece. Esto puede darnos realmente miedo en muchas ocasiones, pero somos valientes para afrontarlo.

Y cuando vas aceptando que la vida sucede y no me opongo a lo que pasa, tengo que empezar también a permitirme, porque no puedo vivir la vida que deseo si no me la permito. ¿Qué te gustaría permitirte? Quizás te puedes permitir dar un paseo con tu pareja, o con tu familia, una tarde de juegos o un rato en soledad para conectar contigo. Te puedes permitir una tarde de no hacer nada, o liberar tu agenda de compromisos. ¿Qué más te gustaría permitirte?

¿Y qué nos impide permitirnos? … pues muchas veces las creencias que tenemos, creencias que nos pueden venir de otras generaciones pasadas y de vivencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. Así que dejando atrás las creencias que podamos tener, nos podemos plantear qué creencias queremos tener en nuestra vida para vivir la vida que deseamos.  ¿Qué creencias crees que tiene una persona que vive la vida que desea?

Así que querida lectora, querido lector, puedes empezar a permitirte vivir la vida que deseas y lo que no te permitas, al menos utilízalo para descubrir que creencia te lo impide y qué creencia te lo podría dar.

Y sí, lo sé, esto parece mucho y parece imposible pero te aseguro que la recompensa es grande. ¿O no?

Y me gustaría finalizar dándote la enhorabuena, a ti que ya vives la vida que deseas, que aceptas la vida tal como sucede, tanto la alegría, como la tristeza, la rabia, el amor o el miedo. A ti que has transformado tus creencias para que te permitan ser lo que quieres ser. A ti, que has perseguido con valentía tu sueño, aquello que querías para ti y para tu familia. A ti que no luchas contra el mundo sino que lo construyes, a ti que con tu sonrisa llenas la vida. A ti…GRACIAS

Eres fuerte y valiente

¿Qué te parece la idea de vivir la vida que deseas? …

Lo primero que puedes pensar ante esta idea, es que sí que es posible, luego empezarás a pensar que no, que no puedes. Y lo más seguro es que pienses que tus circunstancias no te lo permiten y que quizás cuando esto mejore podré hacerlo o que quizás cuando acabe esto que he empezado podría intentarlo. Pero siempre pensamos que hay algo que está fuera que nos dice que no, que no va a ser posible, al fin y al cabo no estoy tan mal, puedo dar gracias de lo que tengo. Y ahí nos quedaremos, quizás vivos o quizás medio muertos, quizás con luz o quizás apagados, esperando a que algo ocurra fuera de nosotros, a que algo se mueva fuera de nosotros y entonces movernos al mismo ritmo, para no desequilibrarlo demasiado ni salir de nuestra zona de comodidad.

Y qué te parecería que te dijera que eres fuerte y valiente…

Lo primero que puedes pensar es: “Claro que lo soy”, pero luego la idea empezará a caer y quedará diluida en una suave sombra y te volverás a apagar.

Así que te invito a recordar momentos en tu vida donde has sido valiente y fuerte, seguro que hay muchos más de los que imaginas, date unos minutos antes de seguir leyendo para encontrar alguno de esos momentos. Y cuando lo tengas obsérvalo y obsérvate, ¿qué sentiste en esos momentos? ¿cómo respirabas? ¿en qué parte de tu cuerpo sentías la valentía y la fuerza? ¿cómo era esa energía? ¿qué sentías en tu corazón?

Y estas sensaciones que estás trayendo ahora al presente las puedes utilizar ahora mismo en tu vida. Al conectar con la valentía y la fuerza del pasado estás sintiéndolas ahora mismo, y este es el momento de preguntarte, ¿cómo puedo utilizar esta valentía y esta fuerza que estoy sintiendo ahora mismo para actuar sobre mis circunstancias y vivir la vida que deseo?

Es posible que no se te ocurra ninguna idea al principio, pero si sigues conectado vendrá alguna respuesta. Quizás con tu valentía puedes aceptar y encarar las situaciones que estás viviendo y quizás con tu fuerza y con tu compasión puedas darle una mirada diferente. Quizás puedas hacer algún aprendizaje de lo que ocurre, conocerte mejor. O quizás puedas observar y darte cuenta de qué cosas de tu vida que no estás atendiendo y son importantes para ti.

Hoy te invito a reflexionar sobre esto, ¿dónde has guardado tu valentía y tu fuerza? ¿Dónde las estás poniendo, quizás en esforzarte? ¿Dónde las podrías poner para que te acercasen más a vivir la vida que deseas?

Querida lectora, querido lector eres fuerte y valiente.

¿Necesitamos tanto?

¿Qué nos está pasando que cada vez necesitamos más y más cosas? Más cosas materiales, más momentos para vivir, más servicios para nosotros y nuestro cuerpo, más estudios, más amigos…. Y en realidad, ¿qué obtenemos?

Obtenemos más cosas inservibles en casa, más momentos que no vivimos porque estamos con el móvil o mentalmente en otro lugar diferente al que estamos, más servicios encadenados que creemos que necesitamos. Y sobre todo…

Sobre todo vacío. Porque todo eso te produce un llenado momentáneo, anestesia en el momento, pero luego nos vuelve a llevar al vacío.

Y con tanto tener, hacer y darme, me pierdo los momentos que van pasando en mi vida. Las oportunidades de estar conmigo y con los míos. ¿Cuánto rato pasas contigo? ¿Cuánto tiempo dedicas a ver qué está pasando dentro de ti?¿Cuánto tiempo dedicas a conocerte, a conocer tus miedos?

Parte de nuestro autoconocimiento es saber las cosas que nos hacen sentir culpables. La semana pasada tuve que lidiar con la culpa. En el proceso de cambio en el que me encuentro, me metí en una dinámica brutal de hacer y con un gran malestar conmigo misma si había algún momento que no estaba haciendo algo, lo que fuera. Al principio pensé que era el miedo el que me hacía ponerme a hacer cosas sin parar, pero luego me di cuenta de que era la culpa por las creencias que tengo.

La culpa me estaba bloqueando, me estaba haciendo sentir mal, me estaba haciendo actuar sin sentir y no me dejaba pensar.

Pero una vez ya detectas que es eso ya puedes ir caminando, parte de la culpa empieza poco a poco a disolverse y puedes ver qué creencias puede haber detrás. En mi caso lo que he hecho es empezar a traer creencias nuevas con afirmaciones sencillas que me diesen una mirada diferente, que me permitiesen ver de otra manera.

Así que, querida lectora, querido lector, te invito a reflexionar sobre esto:

  • ¿Qué cosas hago en mi vida para no sentirme culpable?

Lo primero será negar esta pregunta pero reflexiona un poco más, seguro que encuentras cosas y te aseguro que darle luz y comprensión te irá poco a poco liberando de una atadura más. Si te apetece compartir con nosotros, espero tus comentarios.

Querida lectora, querida lector no necesitas nada más en este momento. Estás completa.

Foto 1: _Marion

Foto 2: Myriams-Fotos

¿Aceptamos lo que sentimos?

Hoy, a propósito de un tema personal que estoy viviendo me apetece reflexionar con vosotros sobre si nos permitimos sentir lo que sentimos en cada momento, sin juzgarnos y permitiendo lo bueno y lo malo.

En mi caso no, no me lo permito, sobre todo lo malo, lo que me hace estar triste y apagada lo que me hace estar preocupada o con la energía baja. No me lo permito y además me cuesta mucho entender porqué me siento así y sin darme cuenta lucho y lucho contra la emoción y me hace permanecer en ella más tiempo sin comprender qué me pasa y pasándolo mal.

Escribiendo hoy me he dado cuenta de que estoy pasando por una especie de duelo. El darle ese sentido a mis emociones me ha llevado a comprenderlas y me ha permitido sonreír y abrirme a otras cosas, a un nuevo sentir y me he podido relajar y soltar la tensión que tenía.

Esto me lleva a reflexionar sobre lo que me aporta escribir. Escribir e ir indagando e investigando en mí misma me va dando claridad poco a poco sobre lo que me sucede, sobre lo que siento y sobre lo que me pasa.

Y la segunda reflexión que hago eso sobre lo duros que somos con nosotros mismos, sin permitirnos sentir o dejarnos sentir las cosas que nos suceden, sin dejarnos unos días estar más tristes y estar con ello sin luchar, simplemente estar ahí, acunándonos a nosotros mismos y cuidándonos. No siempre podemos estar al pie del cañón dándolo todo y con la sonrisa puesta. A veces tenemos que parar y recogernos, parar y cuidarnos y mimarnos y mecernos. A veces tenemos que mirarnos y comprendernos, y entonces retomar de nuevo las fuerzas para emprender de nuevo el camino.

Ayer una buena amiga me dio una metáfora que me encantó. Me dijo que ahora estaba en una nueva posada en el camino y que desde esta posada tenía que disfrutar del paisaje que veía por la ventana, disfrutar de las personas que había en ese momento en la posada y disfrutar de esa parada que estaba haciendo ahora.

Así que estos días me he parado en esta posada, donde me permito sentir lo que siento, donde tenemos pocas tareas que hacer, donde estamos descansando unos días de vacaciones, donde el tiempo pasa despacio, el despertador no suena y donde me permito sentir lo que siento en cada momento.

Y tú, ¿te permites sentir alegría, tristeza, miedo o cualquier otra emoción? ¿Qué utilizas para estar estar conectada o conectado contigo misma?

Y tú, ¿en qué posada estás?

Foto 1 -ThuyHaBich, Foto 2 -Engin_Akyurt

La energía de La Tribu

La semana pasada se realizó el cierre del Máster en Desarrollo Personal y Liderazgo que realicé el año anterior. Hicimos la presentación de nuestros proyectos. Qué hemos aprendido de nosotros, qué nos ha hecho cambiar, cómo vemos ahora nuestra vida y a los demás, en qué estamos y qué queremos para nosotros en un futuro. Estas serían las cosas que se vieron de nuestro proyecto personal o profesional.

Es increíble ver las transformaciones tan bonitas que se expusieron y verlas realizadas en los compañeros con los que has compartido camino y con los que se ha formado una gran tribu.

Sí, una tribu. La tribu se convierte en un apoyo muy importante en la transformación, porqué está ahí para ti, porque no tiene miedo por ti, confía en ti y no te juzga. Te apoya y te acompaña en el camino. Y aunque no se hable, aunque no se comparta todo, la energía de la tribu se siente en el momento en que la necesitas.

Y estoy agradecida de tenerla y me pongo a pensar y me doy cuenta de que no tengo sólo esa, que tengo muchas más tribus de las que he ido formando parte en diferentes momentos y que están ahí, siguen ahí y me siento tranquila de pensar que están ahí y que puedo contar con ellas.

Y lo que hay dentro de estas tribus son personas, personas con sus debilidades y sus fortalezas, con sus sueños cumplidos y los que están por cumplir, con sus problemas y  sus alegrías, con sus fracasos y sus logros. Y sobre todo con sus ganas de vivir, de ver lo bueno de la vida, de disfrutarla de sacarle el jugo más dulce, de sentirse pleno.

Y cuando se juntan esas personas en un fin común forman una tribu capaz de mover montañas.

Me siento orgullosa de todas esas tribus a las que pertenezco y orgullosa de las personas que las componen.

Y te invito como no, querida lectora, querido lector, a que pienses en todas tus tribus, estoy segura que tienes más de las que piensas. Y cuando las tengas identificadas haz un repaso de cada una de las personas que lo componen quedándote unos segundos en cada una de ellas… Y podrás sentir entonces la energía de la tribu.