Acción

Uno de los pasos que más nos cuesta hacer en el cambio es ponernos en acción. Sabemos lo que queremos, sabemos que nos tenemos que comprometer con nosotros mismos, pero siempre hay alguna duda, algún miedo o impedimento para dar un paso adelante.

Leemos, pensamos, vamos a cursos, analizamos, escribimos, pensamos otra vez y otra, vamos a otro curso pero no se producen cambios en nuestra vida. Nos quedamos con las ideas, pero nos olvidamos de comprometernos, de ponernos objetivos, de establecer las acciones y de tomar la decisión de empezar.

En el coaching esto es algo que está muy presente. El coaching no tiene sentido sin acción. Al iniciar un proceso de coaching el cliente tiene unos objetivos que quiere alcanzar y durante el proceso de coaching el cliente va realizando acciones que hacen que vaya transformándose y transformando su vida.

 Acción y coaching

La acción nos ayuda a que se produzcan cambios reales en nuestra vida y a conseguir los objetivos que deseamos. Además al empezar a actuar, el sistema también se mueve y empiezan a surgir cosas nuevas, oportunidades y sincronicidades que quizás no esperábamos. La acción trae cambios y más acción.

Y en la acción no podemos olvidarnos de quiénes somos. ¿Desde dónde estoy actuando? ¿Quién quiero ser? En el proceso de coaching trabajamos con el Ser del cliente, de forma que las acciones se eligen de forma consciente y van alineadas con quién es el cliente, con sus valores.

Así que te invito a que te pongas en acción con los siguientes pasos:

               Lista de objetivos: Márcate objetivos y fechas en diferentes ámbitos de tu vida. Hazlo de forma consciente y equilibrando los diferentes ámbitos de tu vida (familia, trabajo, amigos, entorno, salud) y sin olvidar quién quieres ser durante este proceso y quién serás cuando consigas el objetivo.

 

               Acciones: Da un paso más y concreta qué acciones tienes que empezar a hacer para llegar a tus objetivos y cuando las vas a hacer. Esto a veces es un paso difícil, pero es necesario  para que se empiecen a producir cambios. Habrá acciones diarias, que tienes que instaurar a diario como un hábito y otras acciones que tendrán otra periodicidad. Habrá acciones inmediatas y concretas y otras a realizar medio plazo.

 

               Responsabilidad: Hazte responsable de tu acción o inacción, revisa cada cierto tiempo si estás haciendo las acciones que te has propuesto y haz una reflexión sobre esto ¿De qué te das cuenta?

 

               Revisión y redefinición de acciones u objetivos: Quizás has de modificar o replantear alguna acción para algún objetivo o incluso es posible que se redefina algún objetivo o que aparezcan nuevos. En este paso te puedes hacer estas preguntas: ¿me están acercando estos objetivos y acciones a quién quiero ser? ¿Qué es lo que realmente necesito?

Así que mi invitación es a que te pongas en marcha con consciencia de los objetivos que te estás proponiendo y siendo consciente de quién vas a ser en el proceso y quién vas a ser cuando consigas tu objetivo.

Te invito a caminar con foco, te invito a que lo que hagas en tu vida tenga sentido para ti y te acerque a tu propósito de vida, te acerque a lo que es importante para ti y a quién quieres Ser. Recuerda que tú puedes.

Disfrutar camino

Y querida lectora, querido lector, recuerda disfrutar del camino.

Por dónde empiezo

Hoy continúo con el tema del cambio que abrí la semana pasada. Una vez decides que quieres hacer cambios en algún aspecto de tu vida te puedes encontrar con la duda de por dónde empezar.

Las preguntas serán muchas, ¿Qué puedo empezar a hacer? ¿Cómo puedo encajar las cosas nuevas con lo que ya estoy haciendo? ¿Tengo que dejar algo? ¿Qué pasa si no sale bien? A veces responder estas preguntas es más fácil si vas acompañado de un coach pero también puedes ir contestándolas si conectas con lo que quieres para ti y para tu vida, si conectas con tus valores y con quién quieres ser.

Y estas son algunas de las cosas que puedes empezar a hacer:

  • Revisa qué hábitos puedes sustituir o que nuevos hábitos puedes introducir en tu día a día. Tenemos patrones y creencias que van a querer mantenernos en nuestra zona de confort, así que vas a tener que ser valiente para ir haciendo pequeñas modificaciones.
  • Resérvate al menos un momento al día donde puedas estar solo y puedas conectar contigo. Esto te va a permitir parar tu mente y también reflexionar acerca de cómo te sientes, qué necesitas. Te ayudará a conocerte mejor y participar de manera mas consciente en el cambio por el que estás apostando.
  • Reconoce las diferentes energías que tienes y con qué energía necesitas conectarte para mantenerte en el cambio. Quizás necesitas conectar con tu energía más compasiva si en algún momento algo no sale como esperabas, o conectar con una energía más apasionada para hacer las cosas con entusiasmo, o con una energía más centrada para conectar con la paciencia.
  • Abre tu mente a nuevas posibilidades. Hay muchas formas de ver las cosas y todas pueden ser buenas. Busca la forma que menos te haga sufrir y que además te sirva para avanzar.

Y lo más importante es que te permitas tiempo para reflexionar, para cuestionarte qué funciona, para preguntarte cómo te sientes con el cambio, pues lo más probable es que este cambio nos traiga nuevas limitaciones y creencias que desconocemos y que tendrás que seguir trabajando.

Así que te felicito si ya estás en este camino, si has decidido hacerlo o si te lo estás pensando. Te doy la enhorabuena por tu valentía y por apostar por ti.

En el post Date Permiso hablo de los factores que necesitamos para que se produzcan cambios en nuestras vidas y me gustaría resaltarlos de nuevo: Autoconocimiento y consciencia, Valentía, Paciencia y Perseverancia.

Y te invito a que no te rindas, continúa, eres valiente, hay momentos en los que podemos decaer, pero detrás de ese bache en el camino también hay un aprendizaje. Continúa conociendo cada vez más cosas sobre ti, se paciente contigo y de vez en cuando date la vuelta y mira el camino recorrido.

Querida lectora, querido lector, Continúa caminando.

¿Quiero un cambio?

Cuando decidimos hacer un cambio en nuestras vidas suele ser porque sentimos que algo no está funcionando correctamente. Darse cuenta de que algo no funciona ya es un primer paso muy importante.

Normalmente, estamos desconectados de nosotros mismos, sumidos en el estrés diario, laboral, familiar y de ocio, pues estamos llegando a un punto en que hasta el ocio puede llegar a ser estresante, o más que estresante, el ocio se convierte en algo más que nos aleja de estar conectados con nosotros mismos.

Pero por suerte tenemos algunos momentos de lucidez que nos dan señales de que algo no funciona. Momentos de luz donde te das cuentas que estás demasiado estresado, que sientes que no descansas, que sientes que todo te molesta o que no disfrutas de la vida. Y esos momentos de lucidez son los que no podemos dejar pasar.

Es en esos momentos cuando podemos buscar un lugar tranquilo para estar con nosotros mismos y escuchar lo que tenemos que decirnos. Momentos donde puedes empezar a preguntarte sobre la vida que llevas, sobre lo que haces, sobre si estás disfrutando, si te sientes pleno, si haces cosas relacionadas con quién eres, con tus valores, con lo que consideras importante.

Y con cuidado, porque hay una parte de ti que quizás tiene mucho miedo y te empezará a decir que estás soñando, que la vida es dura, que no te queda otra salida, que tienes que pasar por ahí, que no se puede hacer nada, que no hay forma de cambiar. Hay una parte de ti que no se atreve a salir de esa zona de confort en la que estamos sumidos.

Y si eres capaz de silenciar esa voz que no te deja soñar y empiezas a conectar con quién eres de verdad y empiezas a conectar con tu corazón entonces te das cuenta de que necesitas un cambio. Que necesitas empezar a liderar tu vida.

Y los cambios no son fáciles, los cambios requieren de autoconocimiento que nunca termina, requieren de actitud y perseverancia. Los cambios requieren de voluntad. Pero cuando empiezas no puedes parar. Cuando empiezas a escucharte, a darte permiso, a tenerte en cuenta y empiezas a ver los cambios que se producen en tu vida y en la vida de las personas que están a tu alrededor…entonces ya no puedes parar.

Y es verdad que en algunos momentos decaes, pero te vuelves a levantar, porque sabes lo que quieres y porque quieres ser tú quien lidera tu vida y nos tus circunstancias ni tus miedos.

Y te dejo el enlace a la película El cambio de Wayne Dyer, película que te recomiendo, donde puedes verte reflejado en las historias de algunos personajes y te puede dar luz acerca de si necesitas un cambio.

Querida lectora, querido lector, escúchate, quédate un rato contigo. Aprovecha los momentos de lucidez que nos da la vida y pregúntate, ¿quiero un cambio?

Y te invito a que no pospongas esta oportunidad y que te pongas en marcha. Empieza a hacer pequeños cambios en tu vida. Despliega tus alas.

Estoy de vuelta

Sí, he estado desaparecida un tiempo y vuelvo con vosotros al blog con nuevas energías. Aunque durante este tiempo de ausencia no he estado parada. He disfrutado de unas vacaciones muy intensas y también he ido transitando por nuevos permisos, he ido buscado mi ritmo para llevar mi energía a mi propósito y me permito ir aprendiendo sobre mí con mi propio proceso de cambio personal y profesional.

Y también he continuado con las sesiones de coaching con clientes, acompañándoles en sus procesos de cambio para que se conozcan cada vez más, exploren nuevas actitudes y vayan haciendo cambios alineados con quienes son y con lo que quieren para su vida. Pero no con lo que piensan que tiene que hacer, o con lo que deberían tener, sino con lo que quieren de verdad para sus vidas, en línea con sus valores y con su propósito. Y esto me encanta, me llena, me sorprende y me dejo enamorar en cada sesión por la maravilla que somos.

Y vuelvo al blog porque seguir escribiendo es una de las cosas que quiero que esté en mi vida y que quiero seguir haciendo y me permite también continuar con vosotros. A veces no es fácil escribir, sientes que no tienes nada que aportar. Te encuentras perdido.

Y estar perdido también es parte del camino. Así que voy a volver de nuevo a reflexionar contigo, a abrirte nuevas cuestiones en tu mente y si es posible a moverte del asiento en el que estás.

Sí, de ese asiento del que no nos movemos hasta que se nos rompe una pata. Hasta que pasa algo. A veces esperamos a que algo malo ocurra para tener una excusa para hacer las cosas que queremos y que no nos atrevemos a hacer.  Esperamos a que algo ocurra para replantearnos la vida que llevamos, el trabajo que realizamos,  los gastos que tenemos o las personas con las que compartimos el tiempo.

Así que te invito querida lectora, querido lector a que sigas leyendo estas reflexiones, que las hagas tuyas y que te preguntes todas las cuestiones que por el blog van a ir surgiendo. Te invito a que te quedes conmigo y disfrutes de mi energía y sobre todo, que te quedes contigo este rato de leer, de explorarte y de aprender cada vez un poquito más de ti.

Te espero,

Ade.

Date permiso

Lo presenté ya anteriormente en el post Permítetelo y hoy me gustaría volver a incidir en este tema porque es algo que me pasa personalmente y que también he visto muchas veces en mis clientes.

No nos damos cuenta de las cosas que estamos dejando de disfrutar por miedo y por nuestras creencias limitantes, las cuales la mayoría de las veces no sabemos ni que las tenemos.

Cuando la vida nos da la oportunidad de empezar a conocernos a nosotros mismos e iniciamos el camino del autoconocimiento y del desarrollo personal, poco a poco vamos a ir detectando esos límites que nosotros mismos nos ponemos.

Cuando dejé mi trabajo y empecé mi nueva etapa profesional como coach, todo lo que ponía en mi agenda era trabajo y familia. No me permitía ningún momento entre semana para hacer deporte o salir a pasear, no me permitía algo sólo para mí distinto de trabajar. Por miedo y por una creencia muy fuerte de que tenía que aprovechar el tiempo, que tenía que ponerme cuanto antes a trabajar, que tenía que leer, que tenía que estudiar, etc.

Podéis observar la fuerza que tenían todos esos “tengo que….” que estaban en mi cabeza. Todos estos “tengo que” eran una limitación para mí, para que pudiesen entrar otras cosas en mi agenda diferentes a las que en ese momento yo creía que eran obligatorias y necesarias.

Sí, obligatorias. Sentía que tenía que hacer esas cosas sí o sí y me faltaba tiempo por todos sitios y claro, con tanta presión al final termina apareciendo la ansiedad.

Y cuando de repente alguien te dice “Date permiso” y caes en la cuenta de lo que estás haciendo, de la presión que estás ejerciendo sobre ti mismo y de lo que te estás limitando… cuando por fin te das cuenta empieza la rendición.

El cambio no es inmediato, por supuesto. Hay cuatro factores que se han de dar para que empiece a producirse. Primero conocerse y darse cuenta, segundo tener paciencia, tercero ser valiente y cuarto ser perseverante.

Una vez nos hemos dado cuenta de lo que de forma inconsciente estamos haciendo, tenemos que ser pacientes y compasivos con nosotros mismos. Entender cuál es nuestro patrón y que miedos y creencias nos están llevando a la situación que estamos viviendo. Y ser paciente para darnos tiempo a realizar el cambio poco a poco.

Hace unos mes, cuando empecé a darme cuenta de muchas creencias limitantes que tenía, mi duda era, ¿cómo las cambio? Y aquí vienen la parte de ser valiente. Has de empezar a hacer aquello que no te permites, a darle paso en tu vida, a hacer prueba y error hasta el éxito. Y aquí entra en juego también la perseverancia.

No dejes de seguir aprendiendo de ti, conociéndote, pillándote en las actitudes limitantes y buscando quién eres y quién quieres ser. Esa perseverancia en tu búsqueda de una vida más libre, va a hacer que poco a poco te vayas permitiendo cosas nuevas en tu vida de una manera más natural.

Así que querido lector, querida lectora, te invito a hacerte estás preguntas:

  • ¿En qué aspecto de mi vida no me estoy dando permiso?
  • O si hay algo que no estás disfrutando, pregúntate ¿cómo sería si me diera permiso?

Y recuerda lo factores: Consciencia, paciencia, valentía y perseverancia.

Querida lectora, querido lector: Date permiso.

Y en el camino, conocernos

El ego es parte de lo que somos, es la piel que llevamos puesta, es parte de la cara que mostramos al mundo y nos acompaña siempre en nuestro caminar por la vida.

El ego es el que inicialmente recibe los estímulos del exterior y genera una respuesta. Es nuestra capa más externa protegiéndonos contra el frío, el viento, la lluvia y el sol. El ego se alimenta de las creencias limitantes que tenemos y que se han ido forjando en nosotros por las diferentes experiencias que hemos tenido y también por la influencia de las creencias de nuestras familias.

El ego está siempre con nosotros, aparece con sus miedos y no deja que llegue a nuestro corazón ni el viento, ni el frío, ni la lluvia ni el sol. Pero el ego no es bueno ni malo, él realiza su función. ¿Y qué podemos hacer entonces?

Conocernos, ese es nuestro camino. Conocernos y reconocer qué creencias tenemos. Aprovechar cada oportunidad que se nos pone delante para ver de qué me estoy protegiendo, o que es lo que no me estoy permitiendo y qué creencias puede haber detrás. Y esto no es coger un día y sentarse y decir, hoy voy a conocerme y sacar de ahí todas mis creencias limitantes. Es más bien vivir y estar con la vida.

Sí, vivir y dejarnos atacar el corazón. Sentarnos, derrumbarnos y preguntarle a nuestro corazón qué le duele, qué le pasa, que siente. Y con esa escucha nos vendrá alguna respuesta y habremos hecho un aprendizaje más sobre nosotros. Y entonces puedes decidir qué hacer con eso. Si te lo quieres guardar o lo quieres soltar.

Y luego continuará nuestra vida y nos volverá a pasar otra cosa y volveremos a ver qué nos ha pasado esta vez, y seguiremos aprendiendo.

La idea no es luchar contra el ego ni tampoco dejarle en libertad, es saber que está ahí y utilizar las oportunidades que tenemos para conocer un poco más de nuestro interior.

Y cuando vas tomando conciencia de las creencias limitantes que tu ego tiene que proteger, de alguna forma vas iluminando tu corazón. Le vas dando salida a aquello que se quedó retenido en tu interior y vas reconociendo el amor que hay en ti, vas liberándote cada vez más.

Y puedes en ese momento dar un paso adelante. Puedes tomar las riendas y decirle al ego que por favor te deje pasar, que sabes que está actuando para protegerte, pero necesitas abrirte camino. Es más sencillo de lo que parece. Prueba a decirle estas palabras: “Gracias por estar ahí protegiéndome pero ahora yo sé lo que necesito”.

El miedo, la duda y la incertidumbre aparecen en nuestro camino. Pero tenemos que ponernos delante de ellos y dar un paso adelante. ¿Y qué pasará? Pues que habrá miedos que los trascenderás y otros que seguirán acompañándote durante más tiempo, y que se atenuarán de manera más lenta.

Y te invito desde aquí querida lectora, querido lector, a que empieces a utilizar el camino para conocer más de ti. ¿Estás dispuesto? ¿Qué mensaje le quieras dar tú a tu ego?

La fuerza del coaching

He actualizado la web para añadir una página sobre coaching y me apetecía escribir un post sobre lo que el coaching puede aportar. Tendría muchas cosas que decir sobre esto, así que voy a contar parte de lo que está siendo mi propia experiencia de cambio personal y profesional.

Quizás te has sentido alguna vez con una nube en tu cabeza, es una nube gris con un tono oscuro. Esta nube está llena de pensamientos que vienen desde muchos lugares. Son pensamientos de miedo, de duda, de desconfianza, de rabia. La tienes encima de ti, día tras día y aunque tienes un objetivo y confías y sabes que lo puedes conseguir, la nube se pone entre tú y tu deseo y es muy costoso avanzar, es como si avanzaras por una niebla muy espesa que no te deja ver el camino.

Decides entonces empezar un proceso de coaching y a partir de ahí empiezas a conocerte, a nombrar tus valores, a comprender qué es lo que te puede estar pasando. Empiezas a ver las cosas desde otros lugares y empiezas a elegir desde qué lugar lo quieres ver y con qué actitud. Además empiezas a conectar con tu fuerza, con tu valentía y sobre todo empiezas a conectar con tu corazón, con lo que quieres y con quien quieres ser.

Y los cambios no son fáciles, porque conforme te vas atreviendo a hacer cosas diferentes, van apareciendo tus creencias limitantes que te frenan el avance. Y entonces te toca revisarlas y encontrar tu valentía para primero reconocerlas y luego enfrentarte a ellas. Y así empiezas a disolverlas. El coaching te ayuda a detectar esas creencias y a encontrar la fuerza para trascenderlas.

Y así, poco a poco, conforme avanzas en el proceso la nube se va disolviendo, se va volviendo cada vez más transparente y te va dejando ver con claridad lo que tienes delante. Los pensamientos se van controlando y empiezas a vivir el presente, a tomar las riendas de tu vida y a decidir qué quieres hacer.

Estos cambios te van llenando de vida. Empiezas a sentir que estás viviendo la vida que quieres vivir, la nube desaparece y ves con claridad. Empiezas a ser quien quieres ser.

Y es posible que en algún momento la nube vuelva y te vuelva a acompañar, pero tu ya no eres la misma persona y has aprendido la forma de soplar para que la nube vuelva a desaparecer.

En todo este proceso el coach te va acompañando y te va ayudando a sacar lo mejor de ti mismo. El coach conecta contigo de forma que es capaz de encontrarte en tu esencia. La relación que se crea entre tú y el coach y el trabajo que hacéis juntos te permite conectar con quien eres y conectar con tu corazón.

Y si lo observas tomando un poco de distancia, puedes ver la diferencia entre quien eras cuando empezaste y quien eres ahora.

Y tú querida lectora, querido lector, ¿quién eres? ¿Quién quieres ser?